De “farmear aura” a las fotos ochentosas generadas con inteligencia artificial, las tendencias aparecen y desaparecen con rapidez. Algunas, sin embargo, logran imponer una estética, impulsar el consumo y activar recuerdos. Después de la Noche de la Nostalgia, Uruguay vuelve a mirar hacia una década que muchos no vivieron.







































Las redes sociales convierten una idea en tendencia y la reemplazan pocos días después. Un día se habla de “farmear aura”. Al siguiente circulan imágenes con colores estridentes, camperas deportivas y retratos que parecen extraídos de un álbum familiar de 1985.
La velocidad no impide que algunas modas dejen huella. Ciertas estéticas se incorporan al consumo cotidiano y construyen una relación particular con el pasado. Eso ocurre ahora con los años 80.
El 24 de agosto, miles de uruguayos salieron a bailar por la Noche de la Nostalgia. Después, las redes se llenaron de fotografías, referencias musicales y prendas asociadas con aquella década. La estética ochentosa volvió a ocupar un lugar visible, incluso entre jóvenes nacidos mucho después.
La inteligencia artificial amplificó el fenómeno. Fotografías actuales se transformaron en retratos con pelo voluminoso, ropa colorida, maquillaje marcado, luces de estudio y fondos de videoclip. En pocos segundos, la tecnología fabrica una imagen de un pasado que muchos conocen solo por referencias.
La pregunta, entonces, no es únicamente cuál será la próxima tendencia. También importa entender por qué sentimos nostalgia por épocas que no vivimos.
Los años 80 tienen una identidad visual y sonora especialmente reconocible. La televisión, el cine, los videoclips, las revistas y la música construyeron un imaginario que pasó de una generación a otra. Quienes nacieron después conocieron esa década a través de fotografías familiares, películas, series, canciones y objetos conservados en sus casas.
La moda recuperó parte de ese repertorio. Ya no se trata solo de disfrazarse para una fiesta. Comercios y emprendimientos encontraron una oportunidad en la demanda por camperas coloridas, prendas deportivas y accesorios capaces de recrear aquella estética.
La música sigue un camino similar. Los vinilos regresaron como objetos de colección y como una forma alternativa de escuchar. Ahora también reaparecen los cassettes. En Estados Unidos, las ventas de formatos físicos volvieron a crecer durante 2026, aunque el streaming continúa concentrando la mayor parte del consumo musical.
No estamos abandonando la tecnología. La usamos para producir experiencias asociadas con un tiempo anterior a ella. Una fotografía generada por inteligencia artificial puede reproducir los rasgos de una imagen ochentosa con precisión. La contradicción es evidente: recuperamos la estética de una época mediante una herramienta que representa lo opuesto a aquel mundo.
Tal vez esa tensión explique parte del atractivo actual de la nostalgia.
Una cinta que había que rebobinar. Un disco que ocupaba espacio. Una fotografía que no podía revisarse de inmediato. Una canción que había que esperar en la radio para grabarla. Una campera imposible de ignorar. Eran objetos imperfectos, pero concretos.
La nostalgia también selecciona. Al recordar una época, no recuperamos todo lo que ocurrió. Elegimos canciones, personas, lugares, colores y momentos. El pasado no vuelve completo sino que aparece editado.
Ese mecanismo ayuda a explicar la nostalgia por lo no vivido. Algunas investigaciones comenzaron a estudiar el vínculo de las generaciones jóvenes con períodos anteriores a su nacimiento. No extrañan haber vivido en los 80. Extrañan una versión imaginada de esa década: menos pantallas, más encuentros cara a cara, objetos duraderos y una cultura pop reconocible. Probablemente esa versión nunca haya existido de manera completa.
Uruguay, además, estaba lejos del collage brillante que hoy asociamos con los años 80. El país recuperó la democracia en 1985 y atravesó una crisis económica severa. La vida cotidiana tenía poco que ver con el resplandor de los videoclips o las camperas fluorescentes.
La nostalgia, sin embargo, no necesita reconstruir una época con exactitud. Le alcanza con conservar algunas imágenes y dejar otras fuera de cuadro.
Las tendencias funcionan de manera parecida. No necesitan ser completamente reales. Deben ser reconocibles, compartibles y capaces de provocar una reacción.
Esta semana fueron los 80. Mañana será otra cosa. “Farmear aura” ya quedó demodé y probablemente de los therians ya nadie se acuerde
La pregunta es qué quedará de esta década cuando las nuevas generaciones empiecen a recordarla.
¿Cuáles serán los recuerdos de este tiempo que trascenderán y se convertirán en la nostalgia del futuro?
Texto e imagen: Virginia Waller

















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