La murga se prepara para regresar al carnaval 2027, después de haber nacido en 2024 y salir por primera vez en 2025 en el carnaval de los 250 años de Rosario. ¿Por qué es tan importante la existencia de una murga rosarina? ¿Cuál es el peso histórico de esta tradición? Quizá cuando una murga vuelve a cantar no solo está cumpliendo la promesa de retorno entonada en su despedida: sino llevando consigo la memoria de esas voces que forjaron identidad.

BARRACA RODO

Una historia que vuelve a ponerse en marcha

En Rosario, la murga es mucho más que una expresión carnavalera: es un ritual popular que conecta con su historia. Por estos días, esa tradición vuelve a ponerse en movimiento con Don Perucho, una murga que nació en 2024 para salir al carnaval del año siguiente y que reunió a integrantes y referentes vinculados a dos agrupaciones fundamentales de la historia reciente de la ciudad: La Obligada y Los Pichoneros.

El proyecto se concretó y Don Perucho salió al carnaval en 2025, en el marco de las celebraciones por los 250 años de Rosario. Después vino una pausa y no salió en 2026. Ahora volvió a reunirse y desde julio trabaja para el carnaval 2027, con Pedro Ocampo y Hugo Delbuggio en la conformación del proyecto y nuevas incorporaciones, junto a integrantes con experiencia.

La dirección escénica y los arreglos corales están a cargo de Alejandro “Peta” Oliari, músico, cantante y arreglador coral de Colonia, con una extensa trayectoria en el canto y cerca de dos décadas vinculado a la murga “Nunca Más” de Colonia del Sacramento.

La nueva formación tiene además una característica que trasciende a la propia ciudad: reúne murguistas de Rosario, Colonia del Sacramento, Santa Ana, Juan Lacaze y otros puntos de la zona.

Alejandro “Peta” Oliari, director escénico de Don Perucho

Una murga que mira más allá de Rosario

El espectáculo que preparan se llama “El mismo banco, los mismos sueños”. La historia gira alrededor de un personaje y un banco que dialogan sobre lo que sucede en una ciudad que puede ser Rosario, pero también cualquier otra. La propuesta toma como inspiración la película Parque Lezama y, a diferencia de 2025, cuando el repertorio estuvo especialmente ligado a los 250 años de Rosario, ahora busca trascender lo estrictamente local.

La intención es participar también en concursos y encuentros regionales. Para eso, las letras deben poder ser comprendidas y generar identificación más allá de Rosario, sin perder la identidad de una murga que nació aquí.

La preparación comenzó temprano, en julio, porque el objetivo es llegar a febrero con un espectáculo trabajado. Una parte importante del esfuerzo está puesta en lo coral: que las voces se ensamblen, que los arreglos funcionen y que la murga tenga un buen sonido. En las letras trabaja Hugo Delbuggio, con el aporte de letristas profesionales como Eduardo Rigaud.

Los ensayos son los miércoles y viernes a las 20:30 en el Club Everton. Allí también se sostiene parte del proyecto con actividades que forman parte de esa vieja y necesaria cocina del carnaval, como la venta de chorizos al pan para recaudar fondos.

Cuando la murga llegó a Rosario

Para entender el peso de este regreso hay que mirar bastante más atrás. La historia de la murga uruguaya tiene más de un siglo y su desarrollo fue transformando aquellas primeras expresiones callejeras en el coro con percusión y estructura de espectáculo que conocemos actualmente.

Según la investigación de Martín Cabrera, la murga llegó a Rosario probablemente de la mano de viajeros y músicos dos o tres décadas después de su aparición en Montevideo. Primero se incorporó a expresiones barriales, acompañando actividades, cuadros de fútbol o grupos de estudiantes, y hacia las décadas de 1930 y 1940 comenzó a tener una presencia más notoria en los carnavales rosarinos.

Aquellas primeras murgas eran mucho más espontáneas que las actuales: vestuarios armados con lo disponible, instrumentos diversos y canciones sencillas, con estribillos pensados para que el público pudiera sumarse. El carnaval tenía entonces una fuerte identidad barrial y la murga no solo buscaba divertir: también empezó a contar lo que sucedía en la ciudad.

Con el tiempo aparecieron personajes, estructuras más definidas y letras cada vez más elaboradas. En ese recorrido quedaron nombres como Los Loros del Barrio, La Gran Patota, La Yapa y, desde la década de 1970, Los Pichoneros, vinculados a Miguel Gimeno.

Décadas después, Los Nuevos Pichoneros retomaron aquel nombre con una nueva generación. Y con el regreso de la democracia apareció La Obligada, nombre que aludía a la necesidad de salir a cantar y ser voz popular en un tiempo en el que había mucho para decir. Su trayectoria la llevó a festivales internacionales, concursos regionales y, entre 2000 y 2004, al concurso oficial del carnaval de Montevideo.

Batería de Murga Don Perucho ensayando

Una historia que vuelve a encontrarse

En ese recorrido se entiende mejor la conformación de Don Perucho. No es simplemente un grupo nuevo que se reúne para salir al carnaval. En sus integrantes confluyen distintas etapas de la historia murguera rosarina, junto a nuevas voces que empiezan a incorporarse a esa tradición.

Incluso el nombre es una referencia: Don Perucho homenajea a Héctor Santos, figura emblemática del carnaval de Rosario.

Así, la murga que nació en 2024, salió en 2025 y ahora prepara su regreso para 2027 vuelve con una propuesta diferente y una mirada más amplia. Ya no se trata de cantar solamente sobre una ciudad en un aniversario especial, sino de llevar una voz rosarina a otros escenarios y comprobar qué puede decir hoy una murga cuando recoge una historia que comenzó hace muchas décadas y la pone nuevamente a cantar.

Texto e Imágenes: Virginia Waller

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