Descendiente de una de las familias más reconocidas del tango en el departamento de Colonia, el músico repasó su historia, recordó a quienes marcaron su formación y reflexionó sobre la vigencia del bandoneón, la enseñanza y el legado cultural que continúa llevando a los escenarios.




































Hablar de Heraldo Roland es hablar de una de las familias más representativas de la música popular del departamento de Colonia. Bandoneonista desde los 10 años, creció rodeado de melodías, ensayos y recuerdos que marcaron su camino artístico.

En diálogo con Que Tupé, recordó a su abuelo Tito Roland, histórico bandoneonista, y que gran parte de su familia estuvo ligada a las orquestas típicas que durante décadas animaron bailes y fiestas en la región. Entre ellos también estuvieron sus tíos abuelos, entre quienes se destacó Nelson Roland, “el Nene”, quien con 94 años continúa en actividad.
Fue precisamente él quien lo inició en el instrumento luego del fallecimiento de su abuelo.
“Había quedado el bandoneón y mi tío dijo: ‘Vamos a enseñarle a este muchacho’. Empecé con 10 u 11 años y todavía sigo tocando el mismo bandoneón que era de mi abuelo, restaurado”, contó.

“Decime bandoneón”
Roland explicó que el bandoneón es uno de los instrumentos más complejos de ejecutar. A diferencia del piano, donde las notas mantienen siempre la misma disposición, cada botón del bandoneón cambia de sonido según si el fuelle se abre o se cierra.
“Tenemos que aprender prácticamente ocho teclados distintos. Hay digitaciones diferentes para abrir y cerrar, tanto en la mano derecha como en la izquierda. Si hubiera sabido todo eso antes, capaz que agarraba una guitarra”, bromeó.
Más allá de la dificultad técnica, aseguró que el sonido del bandoneón tiene una capacidad única para transmitir emociones.
“Puede ponerte contento, partirte el corazón o llevarte a cualquier lado. Depende de la obra que estés interpretando.”
Llevar el apellido Roland y dedicarse a la música
Aunque reconoce el enorme peso histórico de su apellido dentro del tango regional, Roland asegura que nunca lo sintió como una carga.
“Lo llevo con muchísimo orgullo. No me abrió puertas, pero sí me dio enormes satisfacciones.”
Contó que en cada presentación suele acercarse gente para compartir recuerdos de las orquestas de su abuelo o de sus tíos.
“Siempre aparece alguien que me dice que bailó con la orquesta de mi abuelo, que conoció a mis tías o que incluso se enamoró escuchándolos. Son historias muy gratificantes.”

Del tango tradicional a los nuevos escenarios
Actualmente integra el Trío La Biaba Tango, formado junto a Andrés Antúnez y Juan Chilindrón, agrupación creada originalmente para los 70 años del Centro Cultural Rosario. Por otra parte acompaña a la cantante coloniense Conce en distintas presentaciones.
Además, ha participado en distintas formaciones musicales, desde grupos de tango hasta proyectos de rock, con la recordada banda Gárgola y música popular, con Vivencias; e incluso integró el Ensamble Destaoriya dirigido por el Maestro Raúl Jaurena.
Si bien reconoce que el tango ya no ocupa el mismo lugar social que tuvo décadas atrás, considera que sigue conquistando nuevas generaciones.
“Muchos jóvenes llegan primero por Piazzolla o por Bajofondo y después empiezan a descubrir el tango tradicional.”
También señaló que Montevideo mantiene espacios estables para el género, mientras que en el interior las oportunidades son más esporádicas.
El homenaje a la familia Roland
Uno de los momentos más emotivos de su carrera reciente fue el homenaje realizado durante la Semana del Tango 2025 en Rosario, donde se reconoció el aporte de la familia Roland a la historia musical del departamento.
Heraldo participó activamente en la reconstrucción de ese material histórico, aportando documentos, fotografías y grabaciones familiares.
“La previa fue lo más intenso. Hubo muchos recuerdos y emociones. Después, estar arriba del escenario junto a mi familia fue un momento muy especial.”
Destacó además el mural restaurado en la plaza Benito Herosa, donde quedó plasmado el reconocimiento a quienes marcaron una época en la música local.

Enseñar para que el bandoneón tenga futuro
Además de su actividad como intérprete, Roland también ha sido docente. Dictó clases particulares y participó del proyecto Bandoneón, que durante varios años acercó la enseñanza del instrumento a jóvenes de distintos puntos del país.
“El primer día en Fray Bentos teníamos cerca de 30 inscriptos. Después quedaron unos diez alumnos, pero fue una experiencia muy linda.”
Para el músico, transmitir lo aprendido es una forma de asegurar que el legado del bandoneón continúe vivo.
Al despedirse, agradeció especialmente a quienes fueron fundamentales en su formación, entre ellos su profesor Freddy Zimmers y Nilda Davrieux, docente de teoría y solfeo.
“Todo esto viene de la genética, pero también del estímulo familiar y de las personas que estuvieron para enseñarme en el camino”, concluyó
Texto y audiovisuales: Virginia Waller



















































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