Una reveladora investigación presentada por el historiador y escritor Marcelo Díaz Buschiazzo el pasado 5 de junio en las instalaciones de la Sociedad de Jubilados y Pensionistas de Juan Lacaze (SOJUPEN) echó por tierra uno de los mitos más arraigados de la región. Ante una nutrida concurrencia de público —en una actividad organizada en conjunto por SOJUPEN y el Museo Puerto Sauce—, el experto demostró que las emblemáticas ruinas ubicadas en la desembocadura del Arroyo del Sauce no corresponden al saladero principal de Medina, sino que funcionaban como el puerto y centro de acopio de un complejo industrial mucho mayor cuya planta procesadora estaba ubicada al norte de Rosario.


































El pormenorizado estudio documental echa luz sobre las imprecisiones históricas arrastradas durante más de un siglo por autores que confundieron la geografía de la época, aclarando que el verdadero “Saladero del Colla” operaba a unos 30 kilómetros de la costa, en las inmediaciones del arroyo Pichinango. Asimismo, la conferencia expuso que las estructuras costeras de Juan Lacaze sí mantuvieron un rol industrial activo en la salazón de carnes y procesamiento de subproductos de la caza de ballenas, pero recién a partir de 1792 bajo la administración del célebre Manuel José de Lavardén.
Un complejo colosal a 30 kilómetros del puerto
De acuerdo con los documentos del Archivo General de la Nación (tanto de Montevideo como de Buenos Aires) presentados por Díaz Buschiazzo, Francisco de Medina compró en 1786 las estancias de los padres Betlemitas y de la familia Cuelli, unificándolas en la “Estancia del Colla”. Allí montó, entre 1787 y 1788, una industria sin precedentes para el Río de la Plata, llegando a emplear a 200 personas (incluidos 11 esclavos cuyos nombres figuran en las actas de tasación) y procesando decenas de miles de cabezas de ganado.
La escala del ingenio: El inventario post-mórtem de Medina describe un laboratorio de salazones con un galpón de ladrillo de 50 metros de largo por 11 de ancho, equipado con 10 piletas de mampostería para salmuera y 8 mesas de piedra labrada, además de talleres de tonelería, hornos de ladrillo y grandes almacenes de tasajo.
Frente a la clásica interrogante de por qué situar la planta de producción tan lejos de la costa navegable, el historiador trazó una analogía contemporánea: “Es el mismo concepto de la planta de UPM 2 en Paso de los Toros. La industria se instala donde está la materia prima, en este caso las pasturas y el ganado del Corral del Rey, y utiliza las desembocaduras de los arroyos navegables como infraestructura logística”.
El verdadero rol de la costa lacazina
La investigación determinó de forma tajante que Francisco de Medina (quien falleció joven, a los 39 años, en agosto de 1788) nunca operó un saladero en la desembocadura del Sauce. En ese período, el sitio contaba únicamente con un rancho destinado a la reserva de sal patagónica —de la cual Medina tenía el monopolio de explotación— y dependencias para el alojamiento de las tripulaciones de sus imponentes buques, como la fragata Nuestra Señora del Carmen.
El uso de la desembocadura del Sauce propiamente como un establecimiento de salazón comenzó formalmente cuatro años después de la muerte de Medina. En 1792, su continuador legal, Manuel José de Lavardén, dio inicio al “Saladero del Sauce”, aprovechando las bases logísticas preexistentes y expandiendo las faenas hacia la industrialización de ganado ovino y porcino.
Mitos derribados por la arqueología y los números
Díaz Buschiazzo repasó cómo se construyó el error histórico a nivel local, atribuyéndolo a una interpretación literal y descontextualizada realizada por el historiador rosarino Francisco Barredo y consolidada luego por José Barrón de Olesa en 1902. Estos autores confundieron el antiguo topónimo de “Región del Colla” (que abarcaba una vasta zona desde Cardona hasta el Río de la Plata) con el cauce específico del Arroyo del Colla, empujando erróneamente las descripciones documentales del saladero hacia las ruinas visibles de la costa de Juan Lacaze.
La contrastación arqueológica también respaldó la nueva tesis. Los trabajos de excavación del arqueólogo Antonio Lezama en la margen derecha del Sauce revelaron una llamativa ausencia de cimientos de ladrillo y grandes infraestructuras coloniales, hallando únicamente restos carbonizados y cenizas compatibles con barriles y una planta de fundición de grasa sobre la arena, mucho más acotada que el monumental inventario de Medina.
Incluso la mítica “olla del saladero” conservada por la familia Calero y estudiada por el investigador local Edi Craviolo aportó su propio dato cronológico: lleva la marca de fundición de la firma británica Lowmore fechada en 1791, un año posterior al fallecimiento del empresario castellano. La instancia contó además con el respaldo y la presencia de destacados investigadores, entre ellos el historiador rosarino Daniel López, autor de referentes estudios sobre el Partido del Rosario.


































El origen de la Triple Alianza y el ingreso del Merino
Más allá de la rectificación de las ruinas costeras, la disertación del historiador tararirense reivindicó el valor patrimonial y turístico del departamento a través de dos hitos históricos de proyección internacional acontecidos en estos establecimientos coloniales:
La cuna del Merino en el Río de la Plata: Se confirmó que en 1794, Manuel José de Lavardén introdujo los primeros 10 carneros y 20 ovejas de raza Merino al continente a través del Puerto del Sauce (Juan Lacaze),正式izando el nacimiento de la rica tradición lanera de la región.
La Conferencia de las Puntas del Rosario (1864): Décadas después de la era de los saladeros, el 18 de junio de 1864, la casona de la Estancia del Saladero (en el norte de Rosario) fue la sede de la cumbre diplomática secreta entre Venancio Flores, el ministro británico Edward Thornton, el argentino Rufino Elizalde y el brasileño Antônio Saraiva. Cartas posteriores de Saraiva confirmaron que en ese paraje coloniandense se concertaron los acuerdos políticos y militares que un año más tarde darían origen formal a la devastadora Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay.



















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